ASG en acción: Vesta implementa certificaciones ambientales en sus edificios industriales

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En el marco de su estrategia de sostenibilidad y en cumplimiento con los pilares de resiliencia y respuesta al cambio climático, Vesta trabaja para obtener certificaciones LEED, BOMA BEST y EDGE para sus edificios, tanto en etapas de desarrollo como en operación. Hoy, uno de los mayores desafíos consiste en mejorar el desempeño ambiental de los inmuebles, optimizando el uso de recursos, reduciendo emisiones y creando espacios más saludables y eficientes para las empresas que los ocupan

Una gestión adecuada en criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG) se construye a partir de decisiones que generan valor de largo plazo. En el sector inmobiliario industrial, esto significa invertir de manera permanente para que los edificios operen con mayor eficiencia, reduzcan su impacto ambiental y ofrezcan espacios más saludables y resilientes para las empresas y las personas que los utilizan. Bajo esta visión, Vesta ha convertido la sostenibilidad en un eje estratégico de su portafolio.

Vesta ha elegido impulsar la adopción de estándares internacionales que permiten medir el desempeño ambiental de los inmuebles y establecer procesos de mejora continua. Más que representar un distintivo, certificaciones como LEED, BOMA BEST y EDGE ofrecen metodologías que ayudan a propietarios e inquilinos a evaluar el funcionamiento de sus edificios, identificar oportunidades de eficiencia, respaldar decisiones con indicadores verificables y/o utilizar materiales sustentables en su edificación, entre otras medidas.

La estrategia ambiental de Vesta comienza desde el diseño y desarrollo de nuevos edificios. A través de la certificación LEED, la empresa incorpora criterios de eficiencia energética, ahorro de agua, selección responsable de materiales, calidad ambiental interior y reducción de emisiones desde las primeras etapas de cada proyecto. Este enfoque no solo disminuye el impacto ambiental de los inmuebles durante todo su ciclo de vida, sino que también genera beneficios tangibles para los clientes, al ofrecer espacios que reducen costos operativos, favorecen el bienestar de los colaboradores y contribuyen al cumplimiento de sus propias metas de sostenibilidad.

En el caso de los edificios en operación, programas como BOMA BEST establecen un marco para evaluar y mejorar el desempeño ambiental mediante prácticas alineadas con estándares internacionales. Los inmuebles certificados pueden consumir hasta 35% menos energía y generar una huella de carbono hasta 35% menor que edificios comparables sin certificación, además de ofrecer condiciones más saludables para sus ocupantes.

Por su parte, EDGE, desarrollado por IFC, incorpora una visión integral de eficiencia y resiliencia. Para obtener la certificación, los proyectos deben alcanzar al menos un 20% de ahorro en energía, agua y carbono incorporado en los materiales, mientras que su Índice de Resiliencia permite evaluar la capacidad de los inmuebles para enfrentar riesgos derivados del cambio climático y otros fenómenos naturales.

Laura Ramírez, directora de ASG, puntualiza: “Vesta cuenta con una estrategia que combina el desarrollo de nuevos edificios certificados con la mejora continua de su portafolio en operación. Por ello, el 55% de su superficie bruta arrendable cuenta con alguna certificación verde.”

La infraestructura industrial del futuro no se definirá únicamente por su capacidad para albergar operaciones, sino por su capacidad para hacerlas más eficientes, resilientes y sostenibles. Quienes invierten hoy en elevar el desempeño de sus edificios estarán mejor preparados para responder a las demandas de una economía donde la competitividad y la sostenibilidad avanzan de la mano.

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