Juan Pablo Estrada Michel, académico de la ULD: el derecho debe recuperar su dimensión humana

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Juan Pablo Estrada Michel reivindica el derecho como una herramienta al servicio de las personas y la justicia

En un contexto donde las discusiones sobre justicia, instituciones y derechos suelen verse marcadas por la polarización y la simplificación mediática, Juan Pablo Estrada Michel, académico de la ULD y abogado litigante, propone una visión distinta: el derecho no puede reducirse a un conjunto de normas, sino que debe entenderse como una herramienta humana para ordenar la vida social y buscar soluciones justas a conflictos concretos.

Con experiencia en litigio civil, mercantil, administrativo y constitucional, Estrada Michel ha construido una trayectoria que combina la práctica profesional con la docencia y la reflexión académica. Desde esa perspectiva, sostiene que la norma es fundamental, pero no agota el fenómeno jurídico.

Para él, el derecho puede analizarse desde diversos planos: como estructura normativa, realidad social, expresión de facultades individuales y mecanismo de organización colectiva. Sin embargo, su función más relevante es servir como una vía para acercarse a la justicia en cada caso concreto.

Estrada Michel advierte que uno de los principales riesgos actuales es concebir el derecho únicamente como un instrumento de poder o una mecánica de procedimientos. Cuando eso sucede, se pierde de vista su propósito esencial: estar al servicio de las personas. En sociedades marcadas por desigualdades, crisis institucionales y desencanto ciudadano, el derecho debe ser capaz no solo de ordenar y resolver, sino también de escuchar.

A su juicio, muchos de los problemas contemporáneos no provienen únicamente de la falta de leyes, sino de la dificultad para comprender qué se espera realmente del derecho. Mientras algunos lo consideran una herramienta de gobierno, otros lo ven como una garantía frente al poder. Esa diferencia de expectativas genera malentendidos, frustración y desconfianza.

Pese a ello, su visión está lejos del pesimismo. Reconoce que el derecho es imperfecto porque es una creación humana, pero precisamente por eso puede perfeccionarse. Las instituciones, las normas y los procesos pueden fallar, aunque también pueden corregirse cuando existen técnica, responsabilidad pública, honestidad y voluntad de mejora.

Esa combinación de realismo y esperanza define buena parte de su pensamiento. No asume que las leyes resuelven todo por sí mismas, pero tampoco cree que el cambio sea imposible. Su postura apuesta por reconocer los límites del derecho sin renunciar a su capacidad para construir mejores soluciones.

Frente a una época que privilegia la reacción inmediata, Estrada Michel reivindica la reflexión, la mesura y la calidad del debate público. Por ello, insiste en que el derecho debe volver a su dimensión más importante: la vida cotidiana de las personas. Porque mientras existan conflictos, desigualdades y la búsqueda de justicia, seguirá siendo necesario discutirlo con rigor, pero también con humanidad.