A medida que la inteligencia artificial comienza a incorporarse en los procesos de selección de activos, análisis de riesgos y construcción de portafolios, el desafío para los asesores de inversión independientes tradicionales ya no consiste únicamente en cómo adoptar una nueva tecnología, sino en cómo redefinir el papel que desempeñan entre los inversionistas, los datos y los mercados
La firma mexicana de asesoría de inversiones Privest, S.A. de C.V., se encuentra en el punto de convergencia de esta transformación.
Privest fue fundada en 1996 y, durante años, sus principales actividades se han concentrado en la gestión de inversiones en valores y la asesoría en banca de inversión. Fue fundada conjuntamente por Guillermo Flores Martínez y Fernando Guerrero Arámburu.
El núcleo de este modelo tradicional de asesoría independiente consiste en comprender los objetivos de los clientes, su tolerancia al riesgo y su estructura de capital, mientras un equipo profesional se encarga del diseño y la gestión de los portafolios de inversión. En su perspectiva para 2026, Privest continúa considerando la diversificación de activos, la gestión de riesgos y la asignación de activos a largo plazo como principios fundamentales de la gestión de inversiones.
Sin embargo, la IA está transformando la base tecnológica de este trabajo.
Bajo el nuevo marco de colaboración, Privest busca explorar más a fondo un modelo de participación en inversiones basado en una “alianza institucional”: la IA se encarga del procesamiento de grandes volúmenes de información de mercado, la preselección de activos y la identificación de oportunidades; el equipo profesional de inversión asume la revisión, la evaluación de riesgos y la toma de decisiones finales; mientras que el papel de los inversionistas deja de limitarse únicamente a recibir los resultados de la gestión de activos.
Este cambio no significa que los algoritmos sustituyan a los gestores de inversión. Por el contrario, la cuestión central consiste en redefinir la distribución de responsabilidades entre las máquinas, el criterio profesional humano y los inversionistas.
El profesor invitado Alejandro Montemayor describe este cambio como una transición de la industria de gestión de activos desde la “escasez de información” hacia la “sobrecarga de información”. En este entorno, el mayor valor de la IA quizá no sea predecir el mercado, sino ayudar a los equipos de inversión a reducir el universo de análisis dentro de un volumen de datos que supera ampliamente la capacidad humana de procesamiento.
Para Privest, si esta transformación finalmente se materializa, su significado irá más allá de una simple actualización tecnológica: una institución mexicana construida sobre el sistema tradicional de asesoría de inversión independiente está intentando responder una pregunta más fundamental para la industria de gestión de activos en la era de la IA: ¿deben los inversionistas limitarse a ser receptores de servicios de gestión de activos, o pueden convertirse, dentro de un marco de gobernanza profesional, en participantes más directos del proceso de inversión?

